miércoles, 9 de diciembre de 2009

EL CAMPO

Aún tiene su importancia. Como siempre. Ahora es bien diferente la labor; ya eso de trabajar de sol a sol, se acabó, gracias a Dios… Y por suerte para los que permanecen en este oficio ancestral.

Las labores que antes se hacían con mulas y bueyes, hoy se realizan con potentes tractores y sus correspondientes aperos. ¡Parecen coches por el confort que tienen! El aire acondicionado, es sin duda de lo mejor…
Cuanto daría mi abuelo, por un soplo de aire fresco a media jornada de trillar, cuando dejaba la parva “al gallego”. Voltear, recoger, aventar, barrer, llenar costales de noventa kilos y cargar con ellos hasta la panera, al trotecillo marranero.

Todas las artes del agricultor han mudado a sistemas cómodos, rápidos y mucho más productivos que aquellos que conocimos de niños.

¿Recuerdan? Vaya veranos… Hasta Noviembre, sin parar. Un día tras otro… y así hasta que se metía el grano en la panera.

Arar, abonar (con NITRATO DE CHILE, como rezaba un cartel que hasta hace poco estaba en el Molino de las Cuatro Rayas). Después sembrar; a mano, al voleo, sacando el grano del costal bajo el brazo izquierdo, con la mano derecha, limpiar, segar, trillar, acarrear…
¡Uf! Me agoto hoy pensando cómo se podía trabajar tanto.

Colocar los arados a las mulas y ¡ale!, camino al campo. Si tenían una sombra, pues bien, pero si no… solana al canto.

Entre aquellos días de guadaña, criba, hoz, rastrillo y las modernas máquinas sembradoras, cosechadoras y demás, permanece en mi recuerdo la aventadora.
A mí ya me parecían obra de un genio, por la cantidad de “cosas” que hacía.

Segar a mano, con el riñón doblado… Quizá de ahí viene lo encorvados que están muchos de nuestros ancianos. Tantos meses, durante tantos años…

¿Y a cambio?... Mejor ni lo cuento: todos lo sabemos, muchos lo callaron.

Labraron además de la tierra, la vida de los venideros… Motivaron a los jóvenes a dejar las faenas campestres por trabajos en la capital, mejor remunerados, menos sacrificados.
Muchos de aquellos jóvenes entraron en factorías industriales. Como venían de saber lo que era el campo, aquello de trabajar ocho horas, cinco días, descansando sábado y domingo, era un lujo.
Y un mes de vacaciones, ¡y pagadas!, al año…

Moisés Busnadiego.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

TE LA QUEDAS

Una dole, tele, catole, quile, quilete, estaba la Reina en su gabinete. Vino Gil, apagó el candíl, candíl, candilón, civil y ladrón.

Hoy jugamos a civiles y ladrones. Unos (los ladrones) se esconden mientras los otros (civiles) cuentan cara a la pared del cuartel. Después van a buscarlos, uno a uno van siendo “apresados” por los civiles y se dirigen a las dependencias o cuartel, pero si hay uno de los ladrones que logra llegar al final del juego sin ser descubierto, es capaz de “salvar” a todo su grupo con un “Por mi y por todos mis compañeros”; si se logra capturar a todos los ladrones, el grupo cambia de papel en el próximo juego.

Cuando nos cansemos, vamos a jugar al burro. Uno se pone de almohada en la pared, los demás del grupo, se ponen a manera de tren con la cabeza metida entre las piernas del de delante.
Ahora todos los del otro grupo, comienzan a saltar encima de las espaldas de los que forman el burro. Si el burro cae, comenzamos de nuevo. Pero si no consiguen “ringar” al burro, se grita: “churro, media-manga o manga-entera”. Si el jefe del grupo burro acierta la posición, (muñeca, antebrazo u hombro) que apunta el de encima, se gana y ahora serán los del burro, quienes salten a las espaldas de los otros.
Lo mejor para siempre ganar, es tener a un gordo en el grupo, pues casi siempre, logra “ringar” al burro.

Hemos quedado para mañana hacer unas carreras de chapas. Se hace un circuito con tiza en la calle, con muchas curvas y con su meta y todo. Después con una chapa de la mirinda, recortamos un cromo repetido de Bahamontes, y comenzamos a darle golpes con el dedo del medio, para que vaya acercándose la chapa a la meta, sin salirse de las líneas dibujadas. Gana aquel, que en el menor número de golpes, llegue a la meta.
También se puede jugar a partidos de futbol con chapas. Y se trata de meter una de las once chapas en la portería dibujada del equipo contrario; la misión del jugador contrario es evitar que esa chapa entre, chocando a las más adelantadas con sus once.

Otro día os cuento más juegos de estos, que seguro habéis disfrutado como yo.
La peonza, la soga, la tanga, los cromos, a los alfileres, a las tabas.

Ale, aquí os dejo otro apasionante mundo de experiencias que deberíamos por lo menos contar a los peques de casa, para que sepan que hay más diversión que la wii, la nintendo ds y la plei.

Pito, pito, gorgorito, ¿Dónde vas tú tan bonito? A la era verdadera, pim, pam fuera.

Moisés Busnadiego.

viernes, 2 de octubre de 2009

RESPETO

-¡Don Paco me tiene manía!

- Algo habrás hecho.

- Que no papa, que me tiene manía.

Muchas veces me cabreo (para dentro) con el maestro de la escuela. Esta mañana me ha pegado un tirón de patillas, que me ha levantado un poco del suelo. ¡Qué dolor!

Salvo esos ratos que se enfada, Don Paco es un maestro muy bueno. Nos enseña matemáticas, geografía, literatura y naturaleza. Tenemos una enciclopedia que se llama de Álvarez en la que tenemos todas estas cosas, hasta religión.

La pizarra, que este año estrenamos, da gusto limpiarla con el borrador, la llena y llena de letras, mientras nosotros escribimos en los cuadernos de dos rayas, lo que él va escribiendo con la chirriante tiza.

Después, nos toca corregir. Vamos a ver Alberto, con uve… le he dicho que en “la vaca da una leche muy rica”, la vaca va con uve. Yo también la tengo mal, ¡la borro y listo!

El otro día, nos llevo Don Paco hasta el rio, como es primavera está todo muy florido, y nos explica lo de los pistilos, estambres, bueno esas cosas de las flores y lo que hacen las abejas con sus patas y todo eso. Se nos pasa la mañana tan ricamente y sin dar clases de matemáticas.

Hemos cogido unos ramos de margaritas y amapolas y las vamos a llevar al florero de la clase.

Dice el maestro, que si nos portamos bien, otro día nos va a llevar a casa de Doña Carmen, la tendera, para que aprendamos mejor las matemáticas y lo de los pesos. Eso de los gramos, kilos…

¡Bieeeeeeen! Gritamos todos. Nos gustan estas salidas, porque no damos clases, aunque él dice que es igual que lo que él explica y que todo es aprender. Yo no sé para qué va a servir eso de multiplicar, vas a la tienda, compras y pagas lo que la tendera te dice ¿no?

¡Silencio! Pedro, ¡venga acá! ¡Huy!...

Ponga las yemas de los dedos juntas. ¡zás! Le arrea un reglazo en la punta de los dedos que eso si que duele. Menos mal que hace calor, porque en invierno eso si que duele.

Comprendo que con lo guerreros que somos en clase, nos tenga que disciplinar un poco y estas cosas al final nos enseñan que tenemos que saber estar en los sitios sin armar barullo, y estar callados cuando habla otra persona.

Dice “si queréis que os respeten, debéis aprender a respetar”

Moisés Busnadiego.


A LA FERIA

En septiembre, todos los años vamos a Valladolid a pasar un sábado.

Novedades en maquinaria es lo que más atrae a la gente de mi pueblo (a ellos). Nuevos tractores con cientos de caballos, aire acondicionado, radio casé. Tienen palancas por todos los lados que permiten un control máximo al agricultor en las solitarias tareas del campo.

La Feria de Muestras es el destino principal de la visita a la ciudad. Como digo, allí vamos a encontrar lo más novedoso que los fabricantes ofrecen a sus visitantes. Remolques de infinita capacidad, arados con decena y pico de cuerpos, con unas vertederas que no se desgastan en muchas “pasadas”. Nosotros, los niños dejamos a los mayores que hablen de cosas con el vendedor, mientras subimos y bajamos a las cabinas de estas máquinas. Las cosechadoras parecen máquinas espaciales. ¡No toquéis las palancas no sea que vaya a pasar algo! nos dicen. Como para no tocarlas, ¡con las que hay!

Los que tienen ovejas, van a ver los últimos avances en ordeñadoras. El padre de un amigo, que parece que tiene mucho dinero, va a hacer una nave para marranos, y está viendo muchas “casas” de materiales para ver quién se lo deja más barato, aunque él dice que la mayoría de las veces, “lo barato es caro”.

Las mujeres del grupo se han ido a ver aparatos de limpieza, planchas de vapor, sillones relajantes, robós de cocina y sartenes antiadherentes, hasta enciclopedias, ¡Cómo son estos vendedores! ¡No paran de hablar!

Todos los años, lo que seguro que compran las madres, es un lote de galletas de Palencia. ¡Qué ricas!

Después nos reunimos todos en un bar de terraza para tomar un refresco y un bocadillo de chorizo, que no son como el de casa, pero aquí es lo que hay.

Nos preguntan los mayores, si volvemos al pueblo o vamos a la feria de los caballitos… ¡Vaya pregunta!; ¡A la rubia! ¡A la Rubia! Gritamos con algarabía los niños.

La noria, el tren de la bruja, el gusano loco, los coches de choque, las casetas de tiro. Es un no parar. Hay otras atracciones, pero es para chicos más mayores, yo estoy deseando montarme en “el Enterprise” que es un cohete que sube girando y te pone boca abajo muy deprisa, pero dice mi madre que me subiré cuando ella no venga conmigo, y eso creo que va a ser cuando me haga más mayor.

Después cenamos en un chiringuito de estos de la feria dos pollos con patatas fritas y una ensalada. A eso de las doce de la noche nos vamos al pueblo. ¡Vaya día más cansado! Pero ha sido muy divertido y hemos visto muchas cosas nuevas.

Moisés Busnadiego.

miércoles, 19 de agosto de 2009

¡VIVA SANTANICA!

¡Viva! A este grito comenzamos, después del pregón, los festejos en homenaje de la abuela de Jesucristo. Ella es la patrona del pueblo.
Cohetes, dulzaineros y el jolgorio de todo el pueblo, son los mejores testigos de que la fiesta aún pervive en el tiempo.

Antes la fiesta era muy parecida, o así lo creo yo. Lo que más me gustaba era, después de ir a misa mayor, en la ermita, después también de levantar el Pendón, disfrutar en las peñas de los mayores del “vermut” con la cantidad de aperitivos que en grandes mesas ponían para disfrute de todo el que se pasara, fuera vecino o foráneo. Y es que una de las grandezas de las gentes de este pueblo, es que son espléndidos anfitriones y mejores vecinos.

No como en otros pueblos no muy lejanos, que te preguntaban:
- ¿Has cenado?
- Si…
- Vaya, yo que te iba a invitar…
O
- ¿Has cenado?
- No…
- Pues, ya es hora de que vayas…

Pero como en todos lados, hay gentes para todo; lo que sí que aseguro, es que yo, que iba siempre a casa de mi tío, nunca me sentí forastero y era uno más, ¡claro mi padre también es de allí!

Lo mejor de las fiestas, creo que estarán de acuerdo conmigo, eran las tardes-noches-madrugadas, que pasábamos en las peñas.
“En casa del Tío Maragato mataron un gato, ¿Quién lo mató? El número cuatro. ¡Mientes bellaco! ¿Quién lo mato? El número siete” y así hasta las tantas…

Ya entonces teníamos unos espectaculares equipos de sonido, mesas de mezclas, amplificadores, juegos de luces (sicodélicos ¿verdad Chema?)Eran estos equipos los precursores de las disco-movidas actuales; bueno, a lo de las peñas. Los reservados en ellas, eran el escondite perfecto, donde comenzábamos nuestros escarceos sentimentales; todo era propicio, poca luz o ninguna, música lenta, limonada, otras parejas recién creadas. Tímidas conversaciones, torpes bailes pegados y sobre todo, mucha, mucha ilusión con la chica o el chico que nos gustaba. Aquello era el comienzo de los primeros amores, que dicen son los que nunca se olvidan.
Yo cada año, intentaba “sacar” buenas notas, para que mis padres me dejaran ir a Pozuelo, y ahora que lo pienso, con lo mal estudiante que fui, siempre me dejaban. ¡Gracias!

Recuerden en familia, vuelvan a contar estas cosas a los adolescentes, verán cómo no ha cambiado mucho la película.
¡Viva Santa Ana! ¡Viva Pozuelo! ¡Vivan sus gentes!

Moisés Busnadiego.

martes, 14 de julio de 2009

SERVICIO A DOMICILIO

“Eeeeeel Chatarrero laneeeeeeeeero” Aquí está como todos los meses; este “merchero” que recoge a quien lo tenga, la chatarra, papel, cartón o los colchones de lana viejos. Él les dará un poco de dinero por esos objetos que tenemos pensado tirar. Después él me explica lo que hace con lo que recoge y me alegra que ellos, los chatarreros, desde siempre hayan sido los garantes del sistema de reciclado de materias primas. Dice que esto será, dentro de unos años, un gran negocio porque hay productos que se podrán fabricar de nuevo a partir de estos desechos; por ejemplo, dice que las botellas, se volverán a fundir para con el nuevo vidrio, fabricar nuevos envases, con el papel, dice que también, se fabricarán nuevos cuadernos y hasta la leche vendrá en cartones. 

Aquí en el pueblo tenemos muchos hombres, nómadas en furgonetas citröen, que traen desde otros pueblos más grandes que el nuestro, pescado, fruta, herramientas, canalones. Cada uno su oficio. En Villanueva hay un pescadero que es el señor Frutos, y un frutero, el señor Manolo. De Tordehumos viene el señor Gildo que hacen la ruta por todos los pueblos. 

Ellos madrugan para ir al mercado de abastos de Valladolid o de Toro para recoger lo más fresco llegado de la costa en el caso del pescado o de Valencia y Murcia, en el caso de las naranjas.

Hasta de Villaconejos viene un tipo, en un camión AVIA con melones con piel de sapo y dulces como el almibar. “Eeeeeel meloneeeeeeeroo” 

Otros reparten bebidas, pero estos son de Tordehumos, Faustino y los hermanos Bravo; a Faustino le ayudamos en verano y también le hacemos alguna trastada cuando sube a la cabina a conducir. A los Bravo no podemos, porque como vienen dos, es imposible. 

El señor Juan, el pregonero, a toque de cornetín, dice: “Se hace saber, que mañana en la plaza del pueblo, se instalará un puesto de ropa con las últimas novedades textiles de la capital” “Almacenes La Flor Catalana, estará hasta las dos de la taaaaarde” El Señor del puesto de ropa, nos regala a los niños caramelos de color morado, con forma de flor, que saben muy ricos, como a mora. 

Escucho una armónica que sube y baja la musiquilla, tirorirorirori riroriroriroti tirorí. “Eeeeeeeeeel afiladoooooorrr”

Moisés Busnadiego

 

jueves, 4 de junio de 2009

BAJADA DE BANDERA

Una de las personas que antaño más sabía de la vida de los vecinos de los pueblos, era después del cura y el médico, el taxista.

En esa época solamente los hacendados señores tenían automóvil, el resto de la población, teníamos que ir o bien en el coche de línea o cuando la cosa era urgente, íbamos a la casa del señor taxista a solicitar sus servicios de chofer con auto.

Si mal no recuerdo, su coche era un Seat 1400 de color negro, siempre reluciente, en perfecto estado de revista.

El toque de claxon es el aviso de que ya ha llegado a la puerta. Vamos, vamos, daros prisa. Ya ha llegado.

Todos levantados y con bolsas en la mano. En fila dejándolas en el capó trasero. Besos y hasta el viernes, llegaremos en el coche de línea.

Así comenzaba mi primer viaje en taxi. Delante va con el señor taxista, mi padre, atrás mi madre, mi hermano y yo.

Yo en el medio, inquieto con las manos apoyadas en cada uno de los respaldos de los asientos delanteros, con los ojos bien abiertos, sin perder detalle. La palanca de las marchas en un lado del volante, miles de botones que dice el chofer, que cada uno es para una cosa. ¡Y me enseña cómo funciona alguno de ellos! Luces cortas, calor, luces de carretera, ventilador, luz del techo. 

Estos mayores, siempre hablando de cosas de mayores, yo sigo tocando todo. Los cristales de las puertas se bajan con una palanca que tiene una rueda en la punta, que chulo. ¡Baja el seguro no sea que se abra la puerta! El seguro es un pitorro que se baja con el dedo. ¡Vaya seguridad! Señor Goyo, ponga la radio que va a empezar en la cadena SER, Ustedes son formidables, Alberto Oliveras es el locutor de este programa que nos cuenta cómo están las cosas en otras ciudades. Ahora ponen anuncios, Chupa chups, aceitunas La Española.

Ya llegamos al cuartel de Villanubla, dicen los mayores, que van a quitar esta curva y van a hacer un túnel desde la carretera de Rioseco a Valladolid.

Va rápido un coche de estos, la aguja marca 80, que parecen ser los kilómetros que hace el coche en una hora. 

Por fin en casa, dice el taxista que se va hasta la residencia a ver a un familiar y que a lo mejor, le sale un retorno hasta Medina de Rioseco, allí parece que se reúne con Maxi el de San Pedro y con Teodoro el de Villabrágima; otros taxistas de la tierra. 

 Mi padre le ha pagado 500 pesetas, que aunque es un poco caro, dice que es mejor venir temprano que esperar al coche de línea y coger un taxi desde la cochera de los autobuses en la calle López Gómez hasta casa.

Moisés Busnadiego.

domingo, 3 de mayo de 2009

RETENTIVA

Los sentidos, son los grandes aliados del recuerdo y de la memoria.
Paseando por las calles de mi pueblo, recordaba algunos de los momentos que viví de niño, por aquellas calles, plazuelas de este, aún lo parece, pueblo parado en el tiempo.

Esto es lo mejor de las vacaciones. Podemos pasear sin prisas y con todas las pausas que nos apetezcan. Ahora me paro en el portalón de “La Matea” y me golpea el rebuzno de las mulas antes de ponerlas el yugo. Esta casa (grande) llegó a tener 4 yuntas.
Un poco más adelante, la casa del señor Ceferino, el herrero y lo mismo, vienen a la cabeza, todos los sonidos del oficio; el respirar del fuelle que avivaba el carbón de coque que ponía al rojo el hierro, al que después, con el tintineo de la machina, moldeaba con destreza este carretero. Aros de las ruedas de los carros, los aros de las cubas, que hasta a Serrada y a Peñafiel fue a montar a las bodegas, ahora famosísimas y conocidas, pero que en aquellos años no todo el mundo viajaba hasta aquellas tierras.
Formones, picos, arados, puertas, la fragua no paraba, sopla que resopla, rojo que rojo, tin tin que tin tin.

Y… cuando el olor del humo de una chimenea nos traspasa fulminantemente a la sala de la casa de nuestra abuela; quizá sea por el papel, o la leña, o a lo mejor es porque forzamos la memoria para no olvidar ese momentos.
¿Se acuerdan cuando se prendía el “mudadal” familiar, para reciclar y convertir a cenizas todo lo orgánico de casa?; ya les conté lo del olor de la tienda de ultramarinos.


Hoy ya no hay nada de esto, se cambia todo por maquinaria más sofisticada, grandes tractores, que tiran con no sé cuantos cuerpos de arado. Pequeños equipos de soldar que unen los metales sin bismuto ni golpeteo. De vez en cuando algunos melancólicos, realizan estas tareas a la antigua usanza en fiestas y semanas culturales. Los jóvenes deberían ver en estas demostraciones, lo duro que se trabajaba entonces.

Hoy como entonces, no dejen que los buenos momentos, la buena compañía pasen como un capítulo más de la vida. Guárdenlo para siempre en su memoria; de vez en cuando muevan ese recuerdo y muéstrenlo.

Moisés Busnadiego.

martes, 7 de abril de 2009

MONEDA

¡… Y si pega vale! Canta Ilde a todo el público que, billete en mano se agolpa alrededor de un círculo formado por una sola fila de sillas en la cual están sentados los que más juegan a las chapas. En el bar de Frutos, como siempre, como toda la vida; en Villanueva de los Caballeros.
Hasta allí, la noche en la que Nuestro Señor muere, comienza la libertaria licencia de gastarse los duros en este juego que deja al antojo de la fortuna y de la suerte el que ganes unos miles, o dejes hasta la camisa.
¡El que tira va a caras! Vuelve a gritar Ilde, “el baratero”, que es el moderador de este debate nocturno. Sus tertulianos… gentes de todos los pueblos de alrededor y de la capital, pues la fama de que aquí se juegan los duros, ya ha llegado hasta allí.
No hay secretos en este juego, el azar y la suerte están al cincuenta por ciento exacto de probabilidades de tocar a los agraciados que apuestan por una de las dos caras de la moneda; o las “caras”, o las “lises”. Hay quien dice que el secreto de la tirada está en la forma de colocar las monedas antes de “volarlas”. ¿Quién lo sabe?
Este casino rural, congrega a cientos de personas desde el Jueves Santo hasta el Sábado en animadas sesiones de Chapas, luego en todo el año se vuelve a jugar, es por ello que se ahorra todo ese tiempo, para tentar a la suerte a que multiplique por nosecuantosmil, tu dinero.

Hay otras timbas, para las cuales, hay que tener “buen colchón” pues ahí sí que se juegan muchos cientos de miles, que yo lo he visto, pero eso está reservado para los grandes capitales o los grandes jugadores, expertos en faroles, técnicas y tácticas que hacen del juego una forma de financiar y disfrutar su afición por las cartas.
Pero en todo está el factor suerte, las cartas y el botar de las monedas en el suelo es cosa de las matemáticas y la física.
Los únicos que ganan siempre, el dueño del bar, y el baratero; justo pago a su trabajo. El uno, el de aguantar tantas horas sirviendo las copas y bebidas y al segundo, por tener la paciencia y la destreza de saber “poner en su sitio” a ese que llevaba buena racha de “tiradas” y le cambió la jugada y decía “ha pegado en el pié de ese”

¡El que tira va a lises y si pega vale! ¡Dos mil a caras! ¿Quién las casa?

Después vuelan los Luises, monedas del 1.700 aproximadamente, de la época de Luis XV, que quizá den el nombre al lado contrario de las “caras”, “lises” o Luises.


Moisés Busnadiego.

miércoles, 4 de marzo de 2009

EMIGRANTES

¡Qué raro! Faltan diez minutos para que venga el coche de línea y todavía no hay nadie en la parada. Hoy marcho para Bilbao, mi hermano ya tiene casi todo preparado para que el lunes empiece a trabajar en la fábrica de armas de Eibar. Allí hay mucho trabajo; necesitan gente y creo que va ser la oportunidad para salir del Pueblo a buscar mejor futuro. Ya se han ido unos cuantos y les va bien. Voy a la casa de mi hermano “a patrona”, pero estaré bien porque estoy con él, otros están “con derecho a cocina” en casas desconocidas y con gente desconocida.
Si trabajo mucho, y ahorro, me voy a hacer una casa en el pueblo para venir los veranos y cuando me jubile.

Ya empiezan a llegar más a la puerta de la escuela para coger el autocar de Lino. Ya está llegando, Pedro hace una maniobra y se aparta en la cuneta; es un conductor experto. Subimos los equipajes al techo del autocar, y subimos a nuestros asientos; este jueves va repleto el coche; creo que en Villabrágima se va a llenar; siempre nos dice, “cuando lleguemos a Villanubla, agacharos que si nos ve la Guardia nos la cargamos” Ya sabemos que no puede ir nadie de pié, pero él para no dejar a nadie en tierra, consiente estas cosas.

Arranca con una acelerón que deja un rastro de humo negro que “atufa” a los que quedan despidiéndose de Nosotros; A mí me ha venido a acompañar mi madre y mi hermana la pequeña; es la única que queda, todos los demás ya se han ido a buscar fortuna… ahora yo.
Desde el asiento de atrás, aparto un poco la cortinilla y veo a mi madre llorar, mi hermana la consuela; también veo alejarse la escuela, en esa escuela he aprendido las cosas que me harán empezar una nueva vida. A leer, contar, escribir… otras cosas las he aprendido en casa, y otras me las han contado los viejos del pueblo.
Tantos años, tantos amigos que serán los verdaderos, tantos recuerdos que hoy dejo a un lado, pero que siempre llevaré conmigo.

Llegando a Villagarcía, aún se ve el pico de la Torre de la Iglesia, en el horizonte; ahora es a mí al que se le escapa la melancolía.
Nadie dijo que la vida es fácil; estos momentos son los que se atragantan, pero seguro que recompensará la fortuna.

EMIGRAR: Abandonar la residencia habitual dentro del propio país, en busca de mejores medios de vida.

Moisés Busnadiego.

viernes, 6 de febrero de 2009

¡VIVAN LOS QUINTOS!

Ya están alborotados todos los jóvenes del pueblo que entran en quinta, preparando “su fiesta”; aunque la celebramos todos. Preparando “el Mayo”, que es un árbol que van a buscar a cualquier alameda de los alrededores del pueblo. Cuanto más alto sea, más llama la atención, Le suelen poner en uno de los costados del Castillo; es tradición desde tiempos inmemorables, que allí se reúnan todos los jóvenes, quintos y todos los demás para alzarle o pinarle. Después de “plantarle” hacen una parrillada y pasan el resto de la tarde, cantando, bailando, charlando.
Ellos, pasan de la adolescencia a la responsabilidad de ser un adulto, pues poco después marchan al Servicio Militar.
Para Ellas (Damas) es como la puesta de largo, mozas que lucen sus mejores galas durante las fiestas de San Blás.
Durante esos días previos a la primera fiesta del año en el pueblo hay una animación especial; se juntan las pintadas de los quintos de años anteriores, a los rechiscantes colores de los nuevos. Le gastan bromas a algún vecino, descolgando las cortinas de la puerta de casa, moviendo los remolques hasta la plaza, “colocando” los tiestos de las ventanas de una casa a otra; en fin, una serie de trastadas y bromas, que según el vecino, le ponen de mejor o peor humor, sea este como fuera. Lo que sí es cierto que todos hemos pasado por ello, lo que ocurre es que ya no nos acordamos de nuestras “quintadas”

El día grande de la fiesta, uno de los mejores festejos es el de la carrera de cintas. La quintada, a caballo, saca unas multicolores cintas de un cajón de madera, serpientes multicolores que demuestran qué mozo o moza tiene la mejor puntería. Hay cintas bordadas, que suelen ser para los “ennoviados” las otras son para las Madres, Hermanas o Abuelas; y la más importante es la de los colores de la Bandera Nacional, que el quinto que “la saca” debe invitar a todos los demás quintos a un completo de café, copa y puro en el bar; esta toma también el nombre de “la del puro”. ¡Claro está! Para cada uno, la más importante es la que saca.

Es una tradición que intentemos perdure de generación a generación, no perdiendo su más intrínseca intención que no es otra, que recordar el paso de la adolescencia a la edad adulta para los Jóvenes de cada uno de nuestros pueblos.

Quinto: Mozo desde que sortea hasta que se incorpora al servicio militar.
Quinta: Conjunto de personas que nacieron en el mismo año.

Moisés Busnadiego.

viernes, 2 de enero de 2009

DESDE ORIENTE

Un gran séquito de Pajes anticipa su llegada. Los camellos vienen cargados de grandes sacas llenas de juguetes y regalos para todos, niños y no tan niños, desde muy lejos, tienen que estar cansadísimos.

Les he visto en la Cabalgata, son tres Los reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar que es de color negro, pero aunque le asusta un poco, es el preferido de mi amigo Tomás, porque es él quien le deja los regalos en su casa todos los años.

Se nota que son Magos y Ricos, ¡menudos trajes tienen! Y que carrozas y cuanta gente les ayuda. Nos tiran caramelos desde las carrozas.

 

Yo me he pedido un Cinexín, los Juegos Reunidos, un estuche para el colegio y unos cuentos. Dice mi madre, que me he portado regulan y que a lo peor me traerán solamente carbón.

Mi madre cuenta que cuando ella era pequeña, traían avellanas, nueces. Creo que esos Reyes de ella no eran tan ricos.

Creo que no falta nada… los zapatos limpios, el vaso de leche, la bandeja con las peladillas y el turrón, los polvorones para los camellos.

Me voy a ir muy pronto a dormir, porque si ven que estás despierto pasan de largo y no te dejan los regalos. Mañana cuando me despierte veré si han recibido la carta que les he escrito.

Todos los años soy el primero en levantarme, ¡Claro, llevo mil horas en la cama! De puntillas abro la puerta del comedor, por si todavía están en casa. Alrededor del árbol de Navidad, suelen dejar los regalos y empiezan los gritos de mis hermanos y míos al ver que nos han dejado todo lo que habíamos deseado y pedido.

Con el griterío despertamos a mis Padres que vienen a disfrutar del momento.

Solo deseo que: “Cuando vengan por el largo camino, repartan en la tierra paz, y que el mundo siga con su destino de Amor y Felicidad”. Esto lo cantaba Concha Velasco allá por los años 60.