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sábado, 27 de agosto de 2011

TIEMPO DE CAMBIOS.

Ya es la hora. No queda otra.
En estos dos últimos años y especialmente en estos meses hemos visto como la economía global va derrumbándose y con ella la de cientos de personas que ven que no llegan a final de mes y que está en riesgo mucho de lo conseguido en años de esfuerzo y ahorro.

Ahora, deberíamos entre todos comenzar a solucionar este “desaguisado”. Pero todos, no solo para los de siempre.

Las vacas gordas ya se han dejado de dar leche por cántaras y está cada vez más cerca del sacrificio que de volver a engordar. Ya no hay posibilidad de piensos de engorde rápido. Ahora deberá volver a comer pasto, y verdes de los perdidos.

Perdonen que haya hecho este símil con lo rural de una vaquería, pero la teta ha dejado de tener para tanto. Ahora queda, viniendo a lo real, solamente para mantener lo básico del sistema: Sanidad, educación y dicen que empleo.

Han de cambiarse muchos hábitos en la sociedad, que ya se están haciendo, pero no debería de ser porque vemos peligrar nuestros trabajos, sino que debería ser una norma a seguir para siempre.

Los derechos de los trabajadores son un logro de unas movilizaciones que se hicieron allá por los años 70 por los desertores del arado de nuestras tierras, cuando fueron a la capital a trabajar a FASA, MICHELÍN, IVECO, TAFISA, NICAS.
Eran otros tiempos, la época de la evolución industrial cerca de nuestro pueblo. Gracias a esos trabajadores productivos, constantes, cumplidores, los empresarios, aunque les costase, aceptaron estos derechos como pago a ese rendimiento en la productividad y beneficios.

Ahora vuelve a tocar apretarse los machos y empujar la balanza para que los derechos sobrevivan, pues lo que el sistema nos exige es más productividad. En la privada esto es más fácil de “medir” o controlar.

El esfuerzo real lo deben hacer los de la pública. Funcionarios y personal laboral de las instituciones públicas.
Muchos de los que trabajan como funcionarios lo saben. Les hay que no hacen absolutamente nada en todo el año. Se arropan a los moscosos, días de libre disposición, permisos de maternidad, funciones sindicales y demás regalías que los derechos de los trabajadores les han proporcionado, y han sabido subirse a ese carro, mientras, trabajan los de siempre. A esos funcionarios que si funcionan les debe de doler cuando la opinión pública critica y generaliza a todos.

Pero si es cierto que muchos conocemos a la funcionaria que ficha y a la media hora ya sale a desayunar, luego a comprar, luego a almorzar y luego parrafada de teléfono con su prima para contarla lo estupendo del fin de semana en la playa. Y que trabaje la tonta de siempre.

Este es el cambio que debería provocarse; todo aquel que no produzca y no se gane su sueldo, a la calle, al paro y despedido procedentemente, sin un céntimo.
Muchos de estos funcionarios que no funcionan, solo lo hacen fuera de su jornada pública, en un despachito por las tardes, o vendiendo seguros o “consiguiendo” según qué cosas.
Actividades la mayoría de las veces que no cotizan ni tributan al sistema social, que les permite pagar sus facturas como funcionarios.

En las privadas, ya sabemos lo que hay, o produces un poco más por lo mismo o incluso con bajada de sueldo, o…

Moisés Busnadiego.
www.moisesbusnadiego.blogspot.com

sábado, 23 de enero de 2010

A PIÉ DE CALLE

Unánimes son las voces críticas contra los gestores de esta ahogante crisis que golpea un derechazo o zurdazo a la cara de los más débiles.

Débiles somos todos aquellos que no tenemos, como decía Lázaro -el de Tormes-, "un puesto en la Corte, que son los que medran"

Somos débiles, porque cada mañana cuando vamos al trabajo, aquellos que aún no lo hemos perdido, no sabemos si al llegar a la puerta de la oficina o del taller encontraremos alguna sorpresa como ha ocurrido con vecinos, amigos o familiares.

Muchos -van cuatro millones y pico- han visto de repente sus vidas truncadas por la pésima gestión, de sus superiores, muchas veces cegados por lo lucrativo del negocio. En cuanto se rasca un poco en cada empresa que ha presentado ERE, o ha cerrado o ha dejado de pagar las nóminas, o no ha cotizado por los servicios prestados, vemos que lo que importaba era fabricar, construir, vender al precio que fuera, sin tener, en muchas ocasiones, la menor idea de gestión de un negocio. Como además el sistema permitia (a todos) endeudarse hasta las pestañas, pues la mayoria subiamos a ese autocar de la deuda.

Otras veces y las que a mi personalmente más me soliviantan, es la negación por parte de los bancos a conceder créditos (caros) de hasta lo que hace un par de años se daba casi por entrar a saludar al director de nuestra sucursal. Esa falta de crédito, hace que muchos empresarios que aún tienen trabajo, producen con criterio, venden a justiprecio y cumplen con todo lo legal; pues digo, esa falta de crédito de un pagaré o pedido en firme de un Cliente, hace que le falte liquidez para, por ejemplo pagar la nómina del que ha fabricado lo vendido.

Después viene el impago o aplazamiento de las cuotas a la seguridad social, y así hasta el infinito.

Es lamentable, como conozco, que un fabricante tiene retenido el material en aduana por falta de esa liquidez y va a perder un millonario contrato firmado con la administración regional de sanidad porque de repente su banco que le aceptó -por escrito- la operación de financiación, le ha dado con la puerta en las narices.

Cosas como esta hacen que el miedo se apodere cada vez más de nuestra existencia. Yo de pequeño tenia miedo al hombre del saco, pero nocreo que fuera Papá Nöel, sino que, quizá entonces fuera la imagen del banquero usurero con chistera y fumando puros encendidos con billetes de cien pesetas.

Aprovechando este bypass que vivimos, deberemos hacer todos una reflexión en cuanto a volver -cuando esto mejore- a entrar en el juego de consumir, endeudarse o bien, como hacian nuestros abuelos y padres, ahorrar e ir viviendo cómodos pero sin excesos, pues lo lamentable es que por desgracia ya muchos viven peor que sus padres o como en muchos más casos de los que pensamos, vuelven a vivir de los padres (con mujer e hijos).

Ellos, los que medran en la Corte, o los amigos de los de la corte, están en otro estrato social y como dice un buen amigo mio:

"NOS HEMOS PENSADO QUE TODO ES PARA TODOS Y NUNCA FUÉ ASÍ"